Porno y prostitución, dos caras de la misma moneda

Los defensores de la pornografía y la prostitución proyectan una imagen distorsionada de la realidadLos defensores de la pornografía y la prostitución proyectan una imagen distorsionada de la realidad

Cuando hablamos del consumo de pornografía en el mundo y del dinero que mueve, no podemos olvidar la relación que existe entre pornografía y prostitución, dos caras de una misma moneda, donde la distorsión de las relaciones sexuales y la degradación de la condición de la mujer están muy presentes.

Un buen ejemplo de ello es la promoción del porno que se hace en el Salón Erótico de Barcelona, que actualmente está en manos de la red de prostíbulos Apricots y donde presentan el evento en su web de esta manera: “Apricots es la marca de servicios de compañía con locales en Barcelona y, muy pronto, en Madrid. Es una marca de puterío honesta, transparente y cachonda”. Y continúan: “Todas las chicas que prestan sus servicios en Apricots son libres e independientes, además de muy abiertas de piernas a nuevas experiencias y encuentros”.

En ese sentido, cabe recordar que la propia definición de pornografía la relaciona con la prostitución, una definición que vendría a ser algo así como la “descripción o ilustración de las prostitutas o de la prostitución”.

Cada vez hay una mayor tendencia en los países occidentales a despenalizar la prostitución. Pero, “esta evolución hacia la despenalización de la prostitución se ha acelerado paralelamente al desarrollo de la pornografía en Internet y en los medios de comunicación bajo la máscara de democracia, libertad de prensa y rechazo de la censura”, advierte la doctora Michèle Dayras en su artículo ‘Prostitución, pornografía y tráfico de mujeres’, publicado el 5 de mayo de 2006 por la doctora Michèle Dayras en el portal feminista Ciudad de Mujeres.

En ese sentido, “la pornografía ha servido para banalizar la prostitución, que se convierte en una actividad comercial legalizada, perfectamente integrada y disponible a domicilio”, agrega.

Aunque se ha intentado presentar el acceso a la pornografía como parte de la liberación sexual de la mujer, confundiendo erotismo y pornografía, lo cierto es que “esta nueva forma de degradación de las mujeres (fist fucking, torturas, violaciones, necrofilia, zoofilia, asesinato en ciertos films ‘hard’) conduce a los hombres (consumidores en un 99%) a una dependencia y una patología descritas por médicos americanos bajo la terminología de ‘cibersexo’”, continúa.

La doctora destaca, en relación a los jóvenes, que el porno “contribuye al aprendizaje de una sexualidad desvinculada de tabúes y de sentimientos, puesto que la priva de lo relacional, del lenguaje, del intercambio, de la afectividad, del amor y del respeto”.

Insiste en que se basa en “la subordinación de las mujeres” y en que “su objetivo último es el placer masculino”. Y lanza esta advertencia: “la violencia de las relaciones sexuales (…) rechaza los límites de la prohibición del incesto, de la violación, del exhibicionismo”.

“Al mostrar múltiples perversiones, la pornografía hace retroceder la barrera que existe entre lo imaginario y la realidad; incluso erige en normas actos prohibidos dando lugar a una violencia de otra naturaleza, la que proclama que existe placer en hacer sufrir a otra persona”. Y concluye afirmando, entre otras cosas, que “el ciberespacio ha creado un medio privilegiado de reclutamiento para los proxenetas”.

Por otra parte, el estudio ‘La batalla de la pornografia’ publicado en febrero de 2005 por el Instituto Panamericano de Alta Dirección de Empresa de la Universidad Panamericana (IPADE), a partir de un artículo de Jaime Nubiola, profesor de filosofía en la Universidad de Navarra, considera que la pornografía no es arte, sino explotación sexual”, como sucede con la prostitución.

Aunque en muchas ocasiones se presenta como si de arte se tratara, la pornografía está muy alejada de la creación artística.

Como cita el estudio, “Machado la llama ‘esa baja literatura que halaga no más la parte inferior del centauro humano’”. Y en relación a la masificación de la pornografía audiovisual, el estudio considera que “ha hecho prácticamente banal tanto la exhibición de la intimidad conyugal como de todo tipo de perversiones”.

“Realmente, en nuestra sociedad occidental sólo se considera verdaderamente reprobable la denominada ‘pornografía infantil’, esto es, el abuso sexual de niños, mientras que las demás conductas sexuales se presentan simplemente como ‘opciones sexuales’”, recuerda el estudio.

Además, destaca que “algunos estudios con gran rigor científico y experimental de las películas pornográficas que hay en el mercado muestran con claridad que la pornografía es una expresión más de la multisecular explotación de las mujeres como objetos de uso por parte de los varones”.

Otra de las conclusiones del estudio subraya el hecho de que, “para sus consumidores, las imágenes pornográficas son un sustituto audiovisual de la prostitución, más higiénico, más económico, e incluso puede que más práctico. A su vez, la prostitución es un sucedáneo, un sustituto degradado, irresponsable y pasajero, de la genuina comunicación amorosa humana”.

Desde otra perspectiva, el psicoterapeuta húngaro Péter Szil reflexiona sobre la conexión directa entre pornografía y prostitución en su conferencia ‘Los hombres, la pornografía y la prostitución’, pronunciada en junio de 2004.

“La pornografía promueve la prostitución, una práctica donde los hombres pueden hacer realidad las fantasías sexuales que la pornografía promociona. […] La pornografía es el marketing de la prostitución, afirma.

También propone como alternativa a estas dos prácticas degradantes el modelo sueco: “sabemos que en ese debate la fórmula legal sueca es la alternativa de más sustento que los partidarios de la abolición pueden nombrar frente a los argumentos por la legalización/regulación. Este modelo se distingue de todos los demás en que enfoca la legislación en la figura del cliente que se aprovecha de la persona prostituida”.

Cabe recordar que “Suecia fue el país pionero en hacer de la pornografía un fenómeno socialmente aceptado”. Pero, posteriormente, “Suecia se adelantó una vez más a los demás países desarrollados de Occidente, esta vez al adoptar una severa legislación respecto a la pornografía, y que la mayoría de los personajes públicos e intelectuales suecos que en los años 60 impulsaban la liberalización de la pornografía, en los años 80 tomaron posturas radicalmente opuestas, asumiendo que la pornografía no llevaba a la esperada autorrealización de los hombres solitarios, sino a la manifestación de las formas más repugnantes del odio y de la violencia hacia las mujeres”, añade.

Szil concluye con una referencia a España, donde todavía siguen prevaleciendo las tesis abandonadas por Suecia: “sin embargo, en la España de hoy siguen prevaleciendo los mitos falsos que en su lugar de origen fueron cuestionados hace ya décadas. Esta confusión no es sólo conveniente para los intereses económicos que mueven una de las industrias más rentables de nuestra civilización, sino que está también alimentada por la aceptación ignorante e ingenua de la prensa y de personas que se consideran progresistas y partidarios tanto de la libertad sexual como de la igualdad entre los sexos”.

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