Carta implorando diálogo

diálogo

Querido amigo mío: Una vez más, me acerco a ti. ¿Por qué no aceptas nunca mi mano tendida hacia ti? Cuando no estás de acuerdo con lo que te digo, te me cierras en banda y me plantas. Una y otra vez. Lo que nos enriquece es la diversidad y la combinación de diversidades. Del diálogo entre todas ellas surge el entendimiento que tanto necesitamos para vivir juntos en el mismo planeta. Ya está bien de despotismos. Tú no tienes toda la razón, como tampoco yo la tengo. Pero además, está la mentira que me escondes con veintiún cerrojos, como si tú quisieras creértela, que no puedes. Mientras no aceptes que es así, nuestra relación estará basada en la falsedad. La única manera de tener paz contigo es callar y darte la razón en todo. Pero tú sabes que eso no es justo. Dártela sería faltar a la verdad. Por eso no te la doy, y por eso me tienes declarada la guerra. Sé humilde, acéptate de una vez como eres, y tendrás paz en tu corazón. “La humildad es la verdad”, decía Sta. Teresa. Si no cambias ya, también yo te dejaré del todo ya con tus mentiras, para que te las tragues tú solo, como estás quedándote, a base de plantar a todo el que te contradice. Quiero que nos entendamos, como me gusta entenderme con todo el mundo, y tú lo sabes. ¿No te das cuenta de que no podemos basar nuestra relación en la ley del más fuerte? El que se impone es siempre el más débil. Por eso se impone, porque no tiene razón. La razón, y con ella el diálogo, es la fuerza más potente que existe, sin restar nunca valor a nadie ni a nada que tenga valor. Tu actitud, como ya te he dicho alguna vez, nos lleva a una guerra de todos contra todos: millones de solitarios con sus tres o cuatro camarillas, luchando por los cuatro costados, cada uno con su verdad en la boca. No seas tonto, como tontos son aquellos a los que tú imitas y te aúpan, creyendo que eso es ser importante. Estáis todos ensoñados por vuestro propio sueño, como si estuviéramos en este mundo para ser siempre el ombligo. Si tienes un sueño en el que tú vales mucho y en el que te crees muy importante, lucha para ponerle patas y echarlo a andar… y entonces tu sueño se hará realidad, y si no tienes esa suerte, ya sólo por estar luchando por él, brillarás en tu firmamento y serás el centro de todas las miradas, en lo tuyo y lícitamente, no con subterfugio, y no en lo de más allá que no te pertenece. Ponte las pilas, por favor, ¡y despierta, que vas dormido! Si no, nos abocas a todos a responderte, ya por legítima defensa propia… y eso sólo nos llevará a la locura del desastre. Firmado: Tu amigo de toda la vida.

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