Cronificación de la pobreza, el drama de los sin techo que amenaza especialmente a España

Personas sin hogar durmiendo en la calle de mala manera, una imagen cada vez más frecuente en ciudades como BarcelonaPersonas sin hogar durmiendo en la calle de mala manera, una imagen cada vez más frecuente en ciudades como Barcelona

La cronificación de la pobreza es una realidad que está afectando a muchos países desarrollados en todo el mundo. De hecho, el aumento del número de personas sin hogar en la Unión Europea (UE) o en Estados Unidos es alarmante, incluyendo a jóvenes menores de 30 años.

Es el drama de los sin techo, y los expertos advierten de que la protección de los más vulnerables se ha de convertir en una urgencia social. Entre otras cuestiones, la dificultad enorme del acceso a la vivienda de alquiler, con precios a los que no pueden acceder personas con trabajos precarios, es un obstáculo insalvable.

En ese contexto, España se sitúa muy por encima de la media de la UE en cuanto a desigualdad y riesgo de pobreza, según los últimos análisis facilitados por la Comisión Europea y la OCDE.

Aunque ambos organismos corroboran una cierta mejoría de la situación económica en España, lo cierto es que, con datos de 2016, el 27,9% de la población está en riesgo de pobreza o exclusión social y, a día de hoy, afecta a unos 13 millones de personas, superando en cuatro puntos el porcentaje que había antes de la crisis.

No son pocos los jóvenes sin techo que acaban durmiendo en la calle

No son pocos los jóvenes sin techo que acaban durmiendo en la calle

Los trabajadores pobres, más pobres

Estamos hablando de hogares en los que no había ingresos suficientes para pagar facturas tan básicas como el alquiler o el agua, que no disponían de una calefacción adecuada, que no podían afrontar gastos inesperados, comer carne, pescado o proteínas equivalentes cada dos días, incapaces de acceder a una semana de vacaciones fuera de casa al año, o que simplemente no podían permitirse disponer de un coche, una lavadora, una televisión o un teléfono.

Esta situación se ha visto agravada en los últimos años por el aumento de los “trabajadores pobres” y por los ajustes económicos introducidos en los últimos años por el Gobierno, que han disparado la desigualdad.

Así, el porcentaje de trabajadores españoles en riesgo de pobreza es del 13,1%, muy por encima de la media de la UE (9,6%) y de países del entorno, como Alemania (9,5%), Reino Unido (alrededor de 8,8%), Francia (7,9%), y a años luz del mejor situado, Finlandia (3,1%), como se ve en el siguiente gráfico, reproducido a partir de la información publicada este domingo, 21 de enero, por El Periódico de Cataluña.

Solo Rumanía y Grecia muestran unos porcentajes de riesgo de pobreza entre los trabajadores más altos que España

Solo Rumanía y Grecia muestran unos porcentajes de riesgo de pobreza entre los trabajadores más altos que España

Líderes también en desigualdad

Por otra parte, la Comisión Europea también critica la ineficacia de las prestaciones sociales en España, por su “limitada cobertura” y, sobre todo, el hecho de que las ayudas no estén concentradas de forma adecuada en aquellas familias con las rentas más bajas lo que alimenta también las desigualdades.

Según el último informe sobre finanzas públicas publicado por el Ejecutivo comunitario la semana pasada, España e Italia son dos de los Estados miembros más desarrollados en los que la población con menos renta se beneficia menos de las transferencias sociales.

“En la mayoría de los Estados miembros las transferencias sociales se destinan principales a los deciles más bajos, es decir el tramo con menos ingresos”.

De esta manera, el ratio de desigualdad por ingresos en España es 6,6 y solo muestran peores ratios Bulgaria, Rumania, Lituania y Grecia, cuando la media de la UE está en 5,1. Y están en mejor posición Italia (6,1), Reino Unido (alrededor de 5), Alemania (alrededor de 4,5), Francia (4,3) y el mejor situado, República Checa (3,5), como se ve en este segundo gráfico.

El ratio de desigualdad por ingresos en España es más que preocupante

El ratio de desigualdad por ingresos en España es más que preocupante

Pobreza “crónica” en Cataluña

Otro ejemplo de cómo el riesgo de pobreza está afectando a la población española lo tenemos en Cataluña. El pasado 19 de octubre, Cáritas Cataluña advertía del riesgo de que la pobreza se convierta en “crónica”, en palabras de su presidente, Francesc Roig.

Para Roig, el inicio de la recuperación económica choca con un escenario de “profunda crisis social”, ya que el número de atendidos por Cáritas aumentó un 4,7 % respecto al 2015. Los ingresos de la entidad, además, bajaron un 13 %, a lo que contribuyó el hecho de que 569 empresas, de se dieran de baja como donantes.

La mejora de los indicadores macroeconómicos no se refleja en la calle y el responsable de Cáritas hablaba de “una realidad bien diferente de la que nos ofrecen algunos discursos oficiales que insisten en la superación de la crisis”. Esta realidad se traduce en las 360.604 personas que en 2016 recibieron la ayuda de Cáritas, un 4,7 % más que en 2015.

La crisis se ha quedado, no ha terminado”, afirmaba por su parte la responsable de comunicación de la entidad, Anna Roig, quien avisaba de que “nos arriesgamos como sociedad a acostumbrarnos a la precariedad”. Una situación que reflejan los 206.000 ciudadanos que el año pasado vivían sin ningún tipo de ingresos en su casa.

Otros datos facilitados por la entidad hablan de que las personas que carecen de un hogar aumentaron en 2016 un 6,4%. Y del total de los atendidos por la organización católica, el 14% no tenía casa. Las cifras aumentan hasta el 39% cuando hablamos de las personas que no viven en condiciones “dignas”.

En el mismo sentido, en el Diagnóstico 2017 editado por la Xapsll, o Xarxa d’Atenció a Persones Sense Llar (Red de Atención a Personas sin Hogar) se advierte de que “entre los años 2008 y 2013 se produjo un fuerte aumento del número de personas en situación de sin hogar en Barcelona y, a pesar de una leve estabilización de las cifras entre el 2013 y el 2015, el sinhogarismo vuelve a aumentar en la ciudad”.

Para ilustrar esta situación, nada mejor que el testimonio de dos personas que han vivido durante años en las calles de Barcelona y han rehecho su vida gracias a organizaciones como la Fundación Arrels.

Manel Garcés en la lavandería de la Fundación Arrels

Manel Garcés en la lavandería de la Fundación Arrels

“La gente nos desprecia”

El primero de ellos, del que se hizo eco La Vanguardia el pasado jueves, 18 de enero, es el de Manel Garcés, que estuvo diez años viviendo en la calle y ahora reside solo en un piso desde hace dos meses.

Nada más levantarme, mi almuerzo consistía en una cerveza detrás de otra”, reconoce al recordar su adicción al alcohol y una vida de excesos que le condujo a vivir en la calle. “Cuando me enganché al alcohol ya no me veía capaz de estar trabajando, la cabeza no me daba para más. Fue muy duro”.

Estuvo durante cinco años durmiendo en portales, cajeros automáticos o bajos de las tiendas, para pasar luego al interior de un parking donde se hizo su propio cobijo. En total, 10 años en los que tuvo que soportar el rechazo de la gente.

La gente nos desprecia porque se piensa que estamos en la calle porque queremos, pero está muy equivocada. […] Cada persona que está en la calle es porque tiene un problema. Pero nadie se acerca a preguntar qué problema tiene”, se lamenta.

Sin embargo, ahora, gracias a la ayuda de la Fundación Arrels, de los médicos y de su propia voluntad ha podido salir de la calle y recuperarse de su enfermedad, “sino estaría otra vez en el pozo o muerto, afirma.

Desde hace dos meses, reside solo en uno de los pisos de la red de casi 80 viviendas individuales y compartidas de que dispone Arrels.

Manel ha participado en una nueva campaña de Arrels llamada ‘Homeless Commons’. Esta iniciativa, protagonizada por personas que han vivido en la calle, pretende destruir prejuicios y romper los estigmas que rodean a las personas por su aspecto.

“Ahora soy el hombre más feliz del mundo. Tengo mi casa, mi paga y no bebo alcohol ni tengo vicios malos”, concluye.

Roberto, antes y después de salir de la calle

Roberto, antes y después de salir de la calle

Renacer entre cuatro paredes

Al menos 1.026 personas, que podrían ser tus hermanos o los míos, duermen cada noche en cajeros y portales de Barcelona, sin una manta, una cama, un grifo, luz y pan. Sin las cuatro paredes que necesita una vida”. Son palabras de Domingo Marchena en su crónica “Cuatro paredes, una vida” publicada el pasado 31 de diciembre en La Vanguardia.

La crónica describe “el adiós a la calle de Roberto, un sintecho de Barcelona que intenta renacer después de un caso extremo de cronificación de la pobreza”.

Roberto Aguilera, de 63 años, vivió durante 25 años de forma prácticamente ininterrumpida en la calle. Solo en ocasiones podía dormir en habitaciones realquiladas o pensiones.

Pero, todas esas malas experiencias son ya cosa del pasado. Ahora ha conseguido por fin una vivienda digna gracias a una idea revolucionaria que nació hace veinte años en Estados Unidos y que la Fundación Arrels aplica en Catalunya siempre que puede, entre otras muchas iniciativas. El programa se llama ‘Housing first’ (‘La casa primero’).

Ahora dispone de cosas que se consideran normales pero que para él son extraordinarias: poder taparse con una manta en su cama, encender o apagar la luz, comer algo de la nevera o beber agua del grifo, ducharse…

En Estados Unidos hay 553.000 personas sin hogar

En Estados Unidos hay 553.000 personas sin hogar

Los ejemplos de Estados Unidos y Reino Unido

En el escenario internacional, dos ejemplos nos sirven para ilustrar este incremento de los sin techo en sociedades desarrolladas como Estados Unidos o Reino Unido.

De acuerdo con la información publicada por el diario El País el pasado 31 de diciembre, con datos de la OCDE, en Estados Unidos hay 553.000 personas sin hogar según el último censo del Departamento de Vivienda, publicado a principios del pasado mes de diciembre. Es el 0,17% de la población, un porcentaje superior a México (0,04%), pero inferior a Canadá (0,44%), Reino Unido (0,25%) o Suecia (0,36%).

En cuanto al Reino Unido, el número de personas que están viviendo en la calle se ha duplicado en los últimos cinco años, según informes oficiales del Departamento de Comunidades y de Gobierno Local publicado en 2016. Así, las personas sin techo pasaron de 2.118 en el 2011 a 4.235 en el 2016.

Precisamente, ante este preocupante aumento de personas sin hogar, la ONG británica Action Hunger ha puesto en marcha la iniciativa de instalar la primera máquina expendedora de comida y “otros objetos esenciales” dirigida a las personas sin hogar del Reino Unido, que podrán acceder a ella de forma gratuita con una tarjeta.

Las máquinas dispensan agua, fruta fresca, barritas energéticas, patatas, chocolate y sandwiches, además de calcetines, toallitas sanitarias, crema antibacterias, cepillos, pastas de dientes y libros, según informaba el diario La Vanguardia el 31 de diciembre del año pasado.

Las máquinas de Action Hunger brindan acceso a los más vulnerables de nuestra sociedad para saciar las necesidades más básicas: las del sustento”, afirma la plataforma en su página web.

La ONG pretende expandir este tipo de servicios a otros países durante 2018 e instalar sus máquinas en Nueva York, Los Ángeles, San Francisco y Seattle. “Tengo correos de personas de Grecia, España, Australia y China, todos quieren saber más”, señala Huzaifah Khaled, director de Action Hunger.

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