El escándalo de TV-3 y la serie Merlí

Merlí TV-3

La Televisión pública de Catalunya y, en concreto su buque insignia, TV-3, ha acreditado su sectarismo -y continúa en ello- con el tratamiento partidista Y profundamente ideológico de la situación política, con una descarada militancia a favor del bloque independentista. Su papel ha contribuido eficazmente a polarizar la sociedad catalana, es decir, fracturarla y a construir un imaginario irreal. Solo hace falta recordar como ha tratado el fracaso de la proyección internacional y sus previas, para constatarlo. TV·3 ha contribuido a construir el relato del Procés, primero, de la falsa declaración de independencia; después, del presidente exiliado (cuando se trató de una simple fuga que dejó plantado a sus compañeros encarcelados, aportando un argumento de peso para la prisión preventiva: el riesgo de fuga).

En realidad, ahora a muchos de los que se rasgan las vestiduras por esta instrumentación hay que decirles que bienvenidos a la realidad, pero llegan tarde, porque el sectarismo y el adoctrinamiento se vienen produciendo desde hace años, solo que incidía más en otros ámbitos.

Por ejemplo, la TVC ha contribuido con constancia entomológica a desprestigiar a la Iglesia, presentando de manera magnificada todo lo negativo y silenciando cualquier hecho positivo. Ha sido azote de Papas, como Juan Pablo II y Benedicto XVI, hasta la crueldad, y se mantiene silenciosa con Francisco. Había una Iglesia “buena”, escasa en número, pero que la televisión de Cataluña convirtió en personajes mediáticos, porque respondía a una actitud de contestación supremacista, orgullosa contra ella.  Lo muestran el caso de las dos monjas Forcadas y Lucia Caram, dos creaciones cien por cien televisivas. Haga la prueba introduzca en el buscador “monja catalana”  y le aparecerá en los primeros lugares las susodichas religiosas. Tiene mérito… por parte de TV-3 porque crea o destruye personajes en el entorno en el que influye, modesto, pero que posee un fuerte efecto multiplicador porque incide en gran medida sobre los profesionales del periodismo, para quienes TV·3 es por amor y, sobre todo, por conveniencia profesional, una referencia obligada.

Su visión de la concepción moral y del lenguaje se ha alineado con el discurso progre. Su agenda no ha sido nunca la propia de un medio público que intenta mantener una cierta ponderación, sino el de la promoción y defensa a ultranza de la agenda gender y LGBTI. No solo eso, por ejemplo, la mejor difusión del anual salón pornográfico que se celebra en Barcelona ha tenido el mejor propagandista en TV-3, ha dado voz a las manipuladas defensoras de la prostitución, es decir, al tráfico de mujeres y al mismo tiempo defiende un feminismo radical de tópico. La ideología y la consigna siempre se han antepuesto a la realidad, y ha silenciado lo que juzgaba que era contrario a su proyecto de formateado de mentes, y ha promocionado lo que le servía. El uso que hacemos del tiempo pasado simplemente sirve para remarcar que la cuestión viene de lejos, pero no que ha cambiado. En este ámbito, no solo sigue igual, sino que ha empeorado y la serie dedicada a jóvenes y adolescentes en horario de máxima audiencia, “Merlí“, demuestra hasta donde pueden llegar en su inmoralidad una televisión que en teoría es de todos, pero en realidad es un medio que se comporta como una empresa privada.

Merlí es una serie de éxito que ahora ha terminado la tercera temporada con un excelente registro de audiencia, incluso ha sido exportada. Su éxito no tiene secreto, problemas juveniles, sobre todo, amoríos, sexo. En teoría narra las actitudes de un profesor de filosofía “inconformista”, es decir, políticamente correcto y bajo este hilo argumental cabe todo. Sus clases en un instituto son el hilo conductor que en su última versión se supera a sí mismo: sexo, desnudos, promiscuidad, tríos bisexuales, droga. Se han utilizado todos los recursos argumentales y visuales con morbo que puedan atraer al público juvenil (y al que ya no lo es tanto, pero le va esa marcha). En toda la serie sobre estudiantes se omite un tema que TV-3 debe considerar marginal: nunca estudian. Son jóvenes de un instituto en el que el estudio, el trabajo escolar como visión de la realidad no existe. El relato del esfuerzo académico está fuera de plano, es marginal. Es un ejemplo pésimo. Es una caricatura interesada que acentúa unos aspectos fáciles de guionizar, y suprime o minimiza toda la complejidad de los jóvenes de hoy. Busca solo audiencia morbosa y falsamente iconoclasta por políticamente correcta y constituye inyección ideológica en vena. Es la degradación de una televisión pública.

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