ONGs en dificultades

Alba Serra (L), Isabel Ruiz (C) and Uchenna Okafor, who are jobless, collect food that they receive at the Bank of the Poor (Banco de los Pobres) in Valencia, June 12, 2012. The charity distributes food to 3000 families in need monthly. According Caritas, a Catholic church charity, more than eleven million of persons live under the edge of poverty in Spain. REUTERS/Heino Kalis (SPAIN - Tags: SOCIETY POVERTY BUSINESS)

Los últimos años han sido duros en el aspecto económico para una gran parte de las entidades sin fin de lucro. Se ha dado en toda España. Afectó a entidades de todo tipo, desde las estrictamente culturales hasta las de servicios de asistencia social a personas con necesidades específicas, sin olvidar las ONG orientadas a ayuda al desarrollo. La crisis económica llevó a una caída muy sustancial de los recursos públicos a ellas destinadas, hecho decisivo porque una gran parte subsisten precisamente por las aportaciones de las instituciones públicas. Más aún, no son pocas aquéllas cuyos ingresos provienen en su casi totalidad de subvenciones o convenios con uno u otro organismo público.

La crisis golpeó también a bastantes fundaciones, teóricamente dotadas de recursos propios, cuyos fondos quedaron mermados por las pérdidas.

A lo largo de un quinquenio o más también bajaron los recursos privados destinados a aquel tipo de entidades non profit, porque muchísimas empresas y particulares sufrieron el zarpazo de la crisis y también ellos redujeron o eliminaron partidas que destinaban a aquel tipo de ayudas.

En los dos o tres últimos años se han producido significativas mejoras en la situación económica global, con lo que del cambio de tendencia parecía deducible el incremento de recursos tanto públicos como privados dirigidos al Tercer Sector, entendiendo éste en sentido amplio. No ha sido así del todo. De un lado, aún falta mucho por remontar, pero, además, las exigencias de control presupuestario a los estados desde la Unión Europa para que cumplan el nivel de déficit fijado han influido en que las administraciones mantengan recortes a todos los niveles, lo que repercute también en aquellas ayudas. Las empresas privadas, por su lado, han redoblado su cautela y muchas no dan pasos adelante hasta que se sientan plenamente consolidadas en la recuperación. Entre los particulares, las clases medias y bajas han perdido poder adquisitivo, lo que significa que una mayoría de ciudadanos están a un nivel inferior al que tenían hace una década. Las pensiones de los jubilados tampoco crecen y los sueldos de los jóvenes que se han ido incorporando a los puestos de trabajo en los últimos años son tan míseros y la estabilidad del empleo tan precaria que no puede ni siquiera soñarse en que aporten, al margen de la voluntad que puedan tener.

Las perspectivas de un incremento importante de los recursos económicos públicos y privados dirigidos a aquel tipo de organizaciones, por tanto, no son halagüeñas a corto plazo.

En lo que afecta a Cataluña la situación de inestabilidad política en que se vive puede agudizar aún más las dificultades. Quizás afecte también a toda España

Quienes trabajamos en entidades sin fin de lucro de uno u otro tipo conocemos, vivimos y sufrimos tal precariedad. En estas semanas de Navidad y primeros de Año son muchas las organizaciones que lanzan llamadas públicas en solicitud de más recursos. Muchas personas son generosas y las peticiones de ayuda en alimentos y productos de primera necesidad para familias y personas necesitadas suelen obtener un buen resultado. Está muy bien. Pero hay otra cara de la moneda, la de las organizaciones no dirigidas a esta ayuda material directa a las familias que realizan también una gran aportación social. Baste pensar en el propio diario digital Forum Libertas en que se publica este artículo, que contribuye a dar criterio sobre muchos asuntos de fondo en base a principios cristianos. Y como éste, otras organizaciones prestan servicios notables a la sociedad.

Este tipo de llamadas de socorro es más difícil que movilicen, entre otras razones porque ni son tan emocionales ni suelen reducirse a una aportación puntual.

Las llamadas de ayuda no dejan de hacerse aun sabiendo que las perspectivas de éxito son limitadas, ya que una gran parte de las personas que desean participar con generosidad en sacar adelante organizaciones de este tipo están a menudo saturadas por aportar para varias entidades. También es cierto que una buena parte de la sociedad vive abocada a su propio consumismo sin preocuparse de dar.

Cuando se inicia un nuevo año, es bueno tener en cuenta estos parámetros y, quienes forman parte de organizaciones sin fin lucrativo, replantearse el futuro, conociendo las limitaciones. Eso sí, seguir dispuestos a ir adelante sin descorazonarse.

Muchas entidades y ONGs han reajustado su estructura en los últimos años, pero deberán hacerlo aún más, dejando de pagar locales, reduciendo los empleados con sueldo, inventando iniciativas que tengan retorno económico. No es tarea fácil, pero no hacerlo significa para muchas la muerte, la desaparición. O algo tanto o más grave: que los recursos disponibles se destinen casi en su totalidad a mantener la estructura y no al ejercicio de la actividad propia, quedando en nueces vacías, entidades que existen pero son humo.

La fusión de organizaciones que realicen actividades similares puede ser deseable. Debe reconocerse que en la práctica es bastante difícil. A veces por personalismos, pero en otros casos las reticencias están justificadas porque las entidades en cuestión tienen un ideario u objetivo que consideran no idéntico al de otras, aunque algunas de sus actividades sean similares.  Sin embargo, no debería fallar de ninguna la colaboración en la puesta en marcha de diversas iniciativas, las sinergias en algunas actuaciones o la prestación común de servicios.

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