Un pilar europeo de derechos sociales

En estos momentos que se está haciendo balances del año que ha acabado y supuestos y presupuestos para el que acaba de comenzar, se ha de tener en cuenta que la gran cuestión es cómo combatir el paro juvenil. Parte de la solución, por supuesto, es el regreso a un crecimiento fuerte y creador de empleo. Algunos países, como Italia y España, han reformado las condiciones jurídicas del trabajo durante la crisis para reducir la brecha entre los empleos precarios y los contratos indefinidos. También modificaron los criterios sobre despidos, a fin de reducir la renuencia de las empresas a contratar. Estas medidas están empezando a ayudar a reducir la tasa general de desempleo, pero tienen poco impacto en el juvenil.

El problema está muy presente en el proyecto de la UE sobre el llamado pilar europeo de derechos sociales, que comenté la semana anterior. No será fácil cumplir la igualdad de oportunidades a la que se refiere el comienzo de las recomendaciones del 26 de abril de 2017: “Toda persona tiene derecho a una educación, formación y aprendizaje permanente inclusivos y de calidad, a fin de mantener y adquirir capacidades que les permitan participar plenamente en la sociedad y gestionar con éxito las transiciones en el mercado laboral”. Concretamente, “los jóvenes tienen derecho a educación continua, una formación como aprendices, un período de prácticas o una oferta de empleo de buena calidad en los cuatro meses siguientes a quedar desempleados o finalizar los estudios”.

Pero será preciso seguir avanzando en la reflexión sobre el trabajo en el siglo XXI. Muchos empleos tienen necesariamente que desaparecer, como consecuencia del avance en robótica o, en general, en informática o inteligencia artificial. Si ésta lleva a algunos a apostar por el llamado trashumanismo, existen profesiones insustituibles: las relacionadas con el servicio directo a la persona. Debería suponer un cambio decisivo en la orientación profesional y académica. Sueño con que el progreso técnico contribuya a consolidar algo que podía parecer secundario o despectiva moralina: muy al contrario, el trabajo será cada vez más servicio, no cultivo de los campos ni fabricación de cosas. Vale la pena quizá darle más vueltas.

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