Mártires de Arabia. ¡Ciudadanos del Calvario, ánimo, a morir por Cristo!

Antes de hablar de los mártires del siglo XX en España, y aprovechando la fiesta de un mártir oriental como San Blas de Sebaste -Armenia entonces, hoy Turquía-, quiero dejar un link al hallazgo de cruces y nombres de mártires cristianos esculpidos en piedra a lo largo de un kilómetro en Jabal Kawkab (“la montaña de la estrella”), en Hima, emirato de Najran, al sur de Arabia Saudita. Ya en agosto de 2014 el arqueólogo francés Frédéric Imbert había señalado que estas inscripciones datadas hacia el año 470 eran las más antiguas en escritura árabe-nabatea.

Hay siete mártires del siglo XX en España nacidos un 3 de febrero: un pasionista de Daimiel navarro, un carmelita descalzo gerundense y otro terciario de la enseñanza ilerdense, un capuchino y una carmelita de la Caridad valencianos, un dominico tarraconense y un salesiano santanderino.

Dentro de unos momentos estaremos con Cristo
José María de Jesús Agonizante Ruiz Martínez, de 20 años y nacido en 1916 en Puente La Reina (Navarra), era hermano pasionista en Daimiel (Ciudad Real), fue asesinado con otros ocho pasionistas en la Casa de Campo de Madrid el 23 de julio de 1936 y beatificado el 1 de octubre de 1989. Resumo la historia de este grupo y del que fue martirizado el mismo día en Manzanares.

Según recuerda Jesús Gutiérrez Torres en la obra colectiva La Guerra Civil en Castilla-La Mancha, en Daimiel ya había sido asesinado, el 2 de noviembre de 1933, un militante de Acción Popular Agraria Manchega llamado José Ruiz de la Hermosa, tras interrumpir a un orador en un mitin socialista. A su entierro acudieron 5.000 personas y dos avionetas arrojaron panfletos en los que llamaba a Ruiz de la Hermosa “caído mártir de la fe y del ideal”.

Junto a las muertes de 26 pasionistas del convento de Daimiel, hay que resaltar las de 10 sacerdotes. En la posguerra, la Causa General (legajo 1028, Exp.25) incluirá una lista de “mártires” de la localidad (que no incluye a los pasionistas) con 57 nombres. Por contraste, según la lista firmada por el comandante del puesto de la Guardia Civil el 21 de febrero de 1941, 75 de los revolucionarios habrían sido ya entonces ejecutados; 31 condenados a muerte; 60 cumplían penas en diversos penales (uno más estaba en libertad provisional), 24 estaban pendientes de juicio y 49 “ausentes” (dos en Argelia y el resto en Francia). Los afectados por la represión de posguerra fueron por tanto al menos 240, con al menos 106 condenas a muerte dictadas.

En la medianoche del 21 de julio, más de un centenar de personas armadas rodeó y mandó desalojar la residencia de los 31 religiosos (15 estudiantes, siete sacerdotes, cuatro hermanos coadjutores y el provincial de la Provincia de la Sagrada Familia, cuya capital era Zaragoza). El provincial Vicente Díez Tejerina (padre Nicéforo de Jesús y María) reunió a los religiosos en la iglesia y les distribuyó la Comunión -como viático y para evitar que fuera profanada-, comentando el himno de la fiesta del pasionista San Gabriel de la Dolorosa, titulado Golgotae Cives con estas palabras:
“Ciudadanos del Calvario, es la hora de nuestro Getsemaní. La naturaleza, en su parte débil, desfallece y se acobarda. Pero Jesucristo está con nosotros; Os voy a dar al que es la fortaleza de los débiles. Si a Jesús lo confortó un ángel, Él mismo nos conforta y sostiene a nosotros. Dentro de unos momentos estaremos con Cristo; ¡Ciudadanos del Calvario, ánimo, a morir por Cristo! A mí me toca animaros a vosotros, pero yo me siento estimulado con vuestro ejemplo”.
Cuando les exigieron salir, el padre Nicéforo dijo:
-Si quieren matarnos, háganlo aquí, en la iglesia.
Conducidos al cementerio en la carretera de Daimiel a Ciudad Real, los religiosos no fueron asesinados, sino conminados a marchar, advirtiendo que si alguno regresaba, lo pagaría con la vida. A partir de la bifurcación de la carretera hacia Bolaños, los pasionistas formaron cinco grupos, con vistas a llegar a Madrid y luego a Zaragoza. Pero, mientras se despedían, un ferroviario telegrafiaba a las estaciones de Manzanares, Alcázar de San Juan, Malagón y Carabanchel, para que no les dejaran escapar. Cinco consiguieron llegar a Madrid esa noche y sobrevivieron. Nueve recibieron un salvoconducto del gobernador civil de Ciudad Real, Germán Vidal Barreiro, en el que constaba su condición de religiosos. Fueron detenidos en Carabanchel y fusilados en las tapias de la Casa de Campo al amanecer del 23 de julio. Eran, de mayor a menor edad:

Felipe (del Corazón de María) Valcabado Granado, de 62 años, profesó en 1890 y fue ordenado sacerdote en 1897.
Manuel Pérez Giménez (Germán de Jesús y María), de 37 años, rector, profesó en 1915 y fue ordenado sacerdote en 1923, en Roma. Iba al frente del grupo.
Anacario (de la Inmaculada) Benito Nozal, de 29 años, profesó como hermano coadjutor en 1922.
Felipe (de San Miguel) Ruiz Fraile, de 21 años como los siguientes, profesó en octubre de 1932.
Mauricio Macho Rodríguez (Maurilio del Niño Jesús), profesó también en 1932.
José (de Jesús y María) Osés Sainz, profesó en octubre de 1933.
Julio (del Sagrado Corazón) Mediavilla Concejero, profesó en octubre de 1933.
José María (de Jesús Agonizante) Ruiz Martínez, profesó en octubre de 1933.
Laureano Proaño Cuesta (Laurino de Jesús Crucificado), de 20 años, profesó en octubre de 1932.
Los nueve figuran en la primera página del estado 2 (“cadáveres recogidos en este término municipal, de personas no reconocidas como residentes en él”) de Carabanchel Bajo, en el legajo 1509, expediente 3, folio 39, de la Causa General, fechado el 12 de julio de 1939.

Los seis asesinados en Manzanares el mismo 23 de julio fueron:
El provincial padre Nicéforo de Jesús y María, que marchó con los 11 más jóvenes (los seis supervivientes serían de nuevo fusilados el 23 de octubre). Último de cinco hermanos, ya que a los tres días de nacer murió su padre. Según uno de sus hermanos, tras el paso por el pueblo de unos misioneros, “cuando se encontraba en el campo se subía a un árbol o a una piedra y empezaba a sermonear, siendo admirado por todos y por fin logró lo que deseaba. También le oímos decir siempre que el quería ser mártir a imitación de Jesucristo, lo que consiguió también”. Profesó en 1909 y al año siguiente fue enviado a México. Tras tenerlo medio mes en la cárcel, los revolucionarios mexicanos tenían previsto ejecutarle el 16 de agosto de 1914, pero un cónsul consiguió que lo deportaran a Chicago, donde de nuevo estuvo a punto de morir, esta vez de meningitis, en marzo de 1916. Allí fue ordenado sacerdote. Desde 1918 residió en Cuba -de 1921 a 1925 volvió a México- y en 1932 regresó a España como superior provincial. El 8 de julio de 1936 salió de Zaragoza a visitar a los estudiantes de Daimiel, pasando en Madrid del 10 al 12. Al ser fusilado en Manzanares, en la Vereda de Valencia, tras recibir varios disparos, volvió su rostro hacia sus asesinos y les ofreció una sonrisa, lo que les desconcertó. Uno de ellos le recriminó:
-Cómo, ¿todavía sonríes?
Y le disparó a bocajarro otro tiro, que acabó con su vida.

José Estalayo García (José Luis de los Sagrados Corazones), de 21 años, octavo de diez hijos, su hermano menor Alfonso le precedió como pasionista en Zaragoza, y con él se reunió José en 1928. Profesó el 29 de octubre de 1933 y en septiembre de 1934 se trasladó a Daimiel con su hermano Alfonso que, enfermo de los pulmones, marchó el 16 de julio y llegó a Zaragoza el 18, salvando así la vida.
Fulgencio (del Corazón de María) Calvo Sánchez, de 20 años, profesó en octubre de 1935.
Epifanio (de San Miguel) Sierra Conde, de la misma edad y fecha de profesión. Último de los seis hijos de un cantinero de un pueblo de Palencia, se fue a Zaragoza con un pasionista que pasó por allí en 1929. Después de profesar marchó a Daimiel y se despidió así de otro religioso (el hermano Teófilo):
-Tú no tengas miedo. Nosotros marchamos para allá y nos volveremos a ver en algún sitio y si a nosotros nos matan y a ti te matan, tú no te preocupes que iremos al cielo.
Abilio (de la Cruz) Ramos y Ramos, de 19 años, aquejado de una creciente sordera; profesó en octubre de 1935.
Zacarías (del Santísimo Sacramento) Fernández Crespo, con la misma edad y fecha de profesión.
Sus muertes aparecen reflejadas en el estado 2 de Manzanares en la Causa General (legajo 1029, expediente 3, folio 9).

Los otros seis mártires del 3 de febreroJosé (Romualdo de Santa Catalina) Guillamí Rodó, de 70 años, había nacido en 1866 en Llançà (Girona), era carmelita descalzo, fue asesinado en L’Arrabassada (Barcelona) el 24 de julio de 1936 y beatificado en 2007.

José Ample Alcaide (padre Aurelio de Vinalesa), sacerdote capuchino nacido en esa localidad valenciana en 1896 (40 años), fue asesinado en el Barranco de Carraixet (Moncada, Valencia) el 28 de agosto de 1936 y beatificado en 2001.

María de la Purificación (de San José) Ximénez Ximénez, carmelita de la Caridad (vedruna) de 65 años, nacida en Valencia en 1871, fue asesinada con su hermana Sofía, el hijo de ésta (Luis) y M.J. Del Río en Benicalap (Valencia) el 23 de septiembre de 1936 y beatificada en 2001.

José María Vidal Segú, dominico de 24 años nacido en Secuita (Tarragona) en 1912, fue ordenado sacerdote el Sábado Santo de 1936. Al dispersarse la comunidad de Valencia, estuvo unos días con una familia y luego vagó por las calles hasta que un hermano suyo lo llevó a una masía de Piera (Barcelona) a trabajar en la vendimia. Solía referirse al futuro diciendo: «Dios me ayudará». Seguramente denunciado, fue detenido el 20 de septiembre, ejecutado el 24 en la carretera de Piera a Vallbona (Barcelona) y beatificado en 2001.

Isidro Tarsá Giribets carmelita terciario de la enseñanza de 70 años, nacido en Fontenet (Lleida) en 1866, fue sacado en la última matanza del buque prisión Río Segre y asesinado en Torredembarra (Tarragona) el 11 de noviembre de 1936 y beatificado en 2013.

Agustín García Calvo, coadjutor salesiano de 31 años, nacido en Santander en 1905, fue fusilado en el picadero de Paterna (Valencia) el 9 de diciembre de 1936 y beatificado en 2001.

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