Dejad que los matemos nosotros si no tenéis agallas

Cuatro mártires del siglo XX en España nacieron un 13 de abril: un sacerdote trinitario vizcaíno -asesinado con otros 12 religiosos ante la presión popular en Alcázar de San Juan, donde acusaban al alcalde de no tener “agallas” para matarlos-, otro mercedario turolense, un marista ilerdense y una laica gitana de Almería.

Trece religiosos asesinados en Alcázar de San Juan
Hermenegildo (de la Asunción) Iza y Aregita, de 57 años, era oriundo de Mendata-Albiz (Vizcaya), fue uno de los seis trinitarios asesinados el 27 de julio de 1936 en Alcázar de San Juan (Ciudad Real) y beatificados en 2013.

Los trinitarios asesinados eran: el padre Hermenegildo de la Asunción; Juan Antonio (Antonio de Jesús y María) Salútregui Iribarren, de 34 años, Plácido (de Jesús) Camino Fernández y Francisco (de San Lorenzo) Euba Gorroño, ambos de 46 años; Buenaventura (de Santa Catalina) Gabika-Etxebarría Gerrikabeitia, de 49 años; y Esteban (de San José) Barrenechea Arriaga, de 55 años, único que no era sacerdote. Su calvario había comenzado el 20 de julio, al ser atados y llevados al Ayuntamiento, donde estaban detenidos los franciscanos, las concepcionistas franciscanas y un novicio dominico. La multitud en la plaza gritaba: “Dejad que los matemos nosotros si no tenéis agallas. ¡Muerte a los curas!” El alcalde dijo desde el balcón: “Esperad, esperad, que lo que se os ha prometido se realizará”.

Desde las dos de esa tarde estuvieron los trinitarios, los franciscanos y el dominico recluidos en una ermita sin ventanas y calurosa. El día 21 no les dieron de comer. Rezaban en común hasta que se lo prohibieron. A las personas que les llevaban comida les decían los carceleros: “Sí, traedles cosas, que ya les quedan pocos días”. Hacia las doce de la noche del día 26, sacaron de la ermita a los trece religiosos en dos grupos. Ninguno trató de huir. Entre las 12 de la noche del 26 de agosto y la una de la madrugada del 27 de agosto de 1936 los fusilaron. Hasta ahora, solo los trinitarios han sido beatificados.

A un anciano religioso de 69 años: ¿Dónde están los hijos que habéis tenido?
Mariano Pina Turón, sacerdote mercedario de 69 años, natural de Híjar (Teruel), fue asesinado en la estación de ferrocarril de Muniesa (Teruel), el 8 de agosto de 1936 y beatificado en 2013. Había ingresado en el convento mercedario del Olivar en 1888, hizo votos solemnes en 1892 y se ordenó sacerdote en 1896. Por su estado de salud, no podía huir con los demás, así que el médico de Estercuel lo escondió en ese pueblo. La noche del 5 al 6 de agosto fue llevado a Alcaine, por Pascual Sebastián y José Rubio, atado como un fardo a lomos de una caballería, por barranqueras y sendas ocultas: “pensábamos llevar un crucifijo”, dijeron luego. Agotado y llagado, a las ocho de la mañana acudió a la posada de Manuel Gascón, que quedó aterrado al verlo tan acabado. Pedía comida y dónde reposar, descansó todo el día, quiso que lo llevaran a otro amigo, pero éste no quiso recogerlo aunque le dio víveres. Vino a dar con sus huesos en el albergue para mendigos de Alcaine. Necesitaba del médico pero no quiso comprometerlo pues todos lo conocían, ya que en Alcaine por muchos años había predicado, dado conferencias, confesado.

A la mañana del día 7, casi a rastras, se echó a andar hacia Muniesa, pero al llegar al río Seco, torció hacia la derecha y al atardecer llegaba al molino bajo de Alacón. Sediento y desfallecido, las hermanas Ferrer Alquezar, sin abrirle la puerta, le dieron por una ventana comida, bebida y una manta para dormir bajo los chopos; les expresó cómo quería morir mártir y no tenía ningún miedo. A la mañana del día 8, dejó a la puerta de la casa la manta y la botella de agua. En casa de Inocencia Alquezar lo hicieron sentar y le dieron comida. Se llegó a la tienda para comprarse alpargatas, porque andaba casi descalzo; cuando Pedro Mañas lo estaba calzando, pues él no podía, cayeron sobre el anciano unos individuos armados, que lo cachearon, se lo llevaron a empellones, lo arrastraron al comité, y luego en un coche lo condujeron, sobre las ocho de la mañana, a la estación del ferrocarril de Muniesa, y le tomaron declaración. Cayetano Burillo, detenido en la misma estación, contaría cómo decían al Padre palabras soeces, blasfemias y frases como: “se han acabado para ti las comilonas, las francachelas, ¿dónde están todos los hijos que habéis tenido, que no vienen a liberarte?” Otra detenida, Marcela Alacón, declararía que le gritaban que lo iban a matar, y él respondía: “cuando ustedes gusten”; lo insultaban, lo maltrataban, pero estaba muy sereno, contento y oraba por ellos: “Señor, perdónalos porque no saben lo que hacen”. Lo subían en un camión cuando le dijo uno: “Vamos, que vas a morir, pero antes te haremos tragar el rosario”; lo llevaron a unos trescientos metros de la estación, lo echaron a un bancal y desde la carretera lo cazaron, tirándole primero a las piernas para hacerle sufrir más. Un miliciano, le descerrajó el tiro de gracia diciendo: “Para que se andara al reino de las arañas. Cabrón, es el padre del convento de El Olivar, todos los chicos de Estercuel y de Crivillén son suyos”. Eran las 10 horas. Lo sepultaron muy someramente, pero después hicieron que Isidro Seta cavara una fosa más profunda. Uno de los que disparó se apropió sus zapatillas.

Antonio Badía Andalé (hermano Hermógenes), de 28 años y natural de Bellcaire de Urgell (Lleida), fue uno de los maristas asesinados en el cementerio de Montcada i Reixac (Barcelona) el 8 de octubre de 1936 y beatificados en 2007.

La gitana Emilia Fernández Rodríguez, de 24 años y natural de Tíjola (Almería), fue encarcelada en Almería por haber impedido que su marido fuera enrolado en el ejército republicano; en la cárcel aprendió a rezar el rosario y, por no querer denunciar quiénes fueron sus catequistas, fue maltratada y después de dar a luz abandonada sin cuidados médicos, por lo que murió el 25 de enero de 1939. Fue beatificada en Roquetas de Mar el 25 de marzo de 2017.

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