The Lancet advierte que abstinencia y fidelidad detienen la transmisión del VIH-SIDA

Esta semana Chile ha estado en el ‘vórtice’ de las noticias internacionales por un grave problema de salud pública que alcanza ribetes de escándalo en ese país sudamericano. La transmisión del VIH-SIDA ha crecido allí un 96% en el período 2010 a 2017, según revela informe presentado por el médico infectólogo Dr. Alejandro Afani del Hospital Clínico de la Universidad de Chile y refrendado por ONU SIDA.

Las cifras que no habían sido sinceradas por el anterior gobierno de Michelle Bachelet, revelan que los principales afectados por este desastre son los “jóvenes entre 15 a 25 años de edad”, informó Afani.

Es evidente que en Chile han fracasado las estrategias de educación y prevención. Al respecto, los doctores Chika Edward Uzoigwe (MRCS) y Luis Carlos Sánchez Franco de Reino Unido aportan soluciones con su publicación “Abstinence in HIV prevention: science and sophistry” en la prestigiosa revista The Lancet.  Advierten cuál es la información veraz que se debe entregar a los ciudadanos en cualesquier país, para prevenir efectivamente la transmisión del VIH-SIDA. Y sorprende la evidente coincidencia de la verdad científica con las orientaciones pastorales que la Iglesia (considerando su doctrina moral) propone sobre esta materia.

En concreto Uzoigwe y Sánchez cuestionan toda afirmación que desconozca o niegue la efectividad de la abstinencia y fidelidad para detener la transmisión del VIH-SIDA. “Este enfoque -señalan en The Lancet- es potencialmente peligroso y antiético. Es importante no mezclar la eficacia del mensaje con la capacidad de persuasión del mensajero. La evidencia es incuestionable: la abstinencia y la fidelidad reducen la transmisión del VIH”.

Como fuente los científicos de Reino Unido citan entre otras, las conclusiones del Centro para el Control de Enfermedades del Gobierno de los Estados Unidos (US CDC. HIV/AIDS: prevention)

Con absoluta claridad los investigadores reiteran la responsabilidad ética, legal y política en esta materia de las autoridades. Esto, señalan, involucra considerar la verdad objetiva: “Un principio fundamental de la prevención de enfermedades en epidemiología es la prevención de riesgos. El hecho de que este mensaje no parezca ni popular ni agradable no puede justificar que… no elogien la veracidad de este mensaje. De hecho, debería alentar -a todos quienes participan en la promoción de la atención de la salud- a reevaluar la manera en que se transmite el mensaje”.

Al momento de salvar vidas, señalan en The Lancetno se trata de si el mensaje es “popular o impopular”, puntualizan. El desafío ético y moral que se plantea entonces es lograr comunicar con efectividad la verdad: que sólo la Abstinencia y la Fidelidad logran detener la transmisión del VIH-SIDA, otras enfermedades de transmisión sexual o embarazos no deseados. Lograr que esta verdad sea acogida, valorada y genere adhesión en la comunidad es el desafío.

Acompañamiento y voz de la Iglesia

En el mundo son miembros de la Iglesia Católica y organizaciones vinculadas a ella quienes históricamente han liderado la acogida y acompañamiento de personas que viven con VIH-SIDA. Desde que los científicos identificaron al Virus de la Inmunodeficiencia Humana como responsable de la destrucción del sistema de defensas que causa el SIDA, los Papas han advertido la importancia de formar a niños y jóvenes en una sexualidad que proteja efectivamente la vida.

Así el año 2016, en horas previas a celebrar la Jornada Mundial del SIDA, Papa Francisco señaló que “el mapa mundial del SIDA es un espejo del mapa mundial de la pobreza” y exhortó luego a que “todos adopten comportamientos responsables para prevenir una mayor difusión de esta enfermedad”. En concreto esos “comportamientos responsables” se refieren a educar en el amor a la castidad, la abstinencia  antes del matrimonio y la fidelidad marital;  propuestas por la Iglesia como expresiones sanas y trascendentes de la sexualidad humana.

El propio científico Luc Montagnier, a quien se atribuye el descubrimiento del VIH ha respaldado los planteamientos de la Iglesia al declarar: “Los remedios de la medicina no son suficientes… En particular, es necesaria la educación de la juventud frente al riesgo de la promiscuidad sexual, y prevenirla” (Montagnier, AIDS: natura del virus, en Aa. Vv., Vivere: perché? L’AIDS, Acts of the Fourth International Conference organized by the Pontifical Council for Health Pastoral Care, Ciudad del Vaticano, 13-15 de noviembre de 1989, en Dolentium Hominum 51990)

¿Y el condón?

Para quienes no siendo católicos y conociendo que viven con el Virus de la Inmunodeficiencia Humana en sus cuerpos (o que podrían estar portándolo) y que deciden mantener una vida sexual activa, el condón suele ser su única opción. Pero es importante que se informen…

Según indican todos los estudios el condón no es 100% efectivo. Lo reconoce la propia FDA de Estados Unidos (pulse y lea en el párrafo tercero: “Condoms are not 100% safe…”).

Comentando las cifras, famosa es la frase de la Dra. Helen Singer-Kaplan “Confiar en los preservativos es coquetear con la muerte” en el libro The Real Truth about Women and AIDS (Universidad de Cornell).

Parece un error trágico-maligno entonces, apostar a reducir la tasa de transmisión del VIH con campañas que privilegian solo el uso del condón.

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